Llegué a Titán. El paisaje era un cielo anaranjado, siempre con nubes anaranjadas y rayos. Había muchas montañas anaranjadas y negras, llenas de rocas anaranjadas. ¡Las montañas eran muy altas!
Cuando llegué, era la tarde. No había nadie, nada, sólo rocas.
Yo escuché unos ruidos, di unos pasos hacia atrás y choqué con una roca enorme. Volvía a escuchar esos ruidos. -¿Qué será? – me pregunté.
De repente escuché a alguien saltar. – Voy a investigar – dije.
Me fije detrás de la roca y no había nadie. - ¿Estoy alucinando? – pensé. Luego volví a la nave a dormir feliz.
martes, 8 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario